Hay momentos en los que el cuerpo deja de ser simplemente un cuerpo.
Se convierte en una forma, una curva, una sombra. En algo que no necesita rostro ni palabras para expresar intimidad.
Esta serie nace en la quietud de una habitación, sobre una cama, jugando con el blanco y negro y con la luz que recorre la piel. No busca esconder el desnudo, pero tampoco convertirlo en una exhibición. Busca observarlo.
Seis fotografías se convierten aquí en un pequeño recorrido por la intimidad: piernas que se cruzan, cuerpos que se repliegan, curvas que aparecen y desaparecen entre las sombras.
Donde empieza el silencio
El silencio también tiene piel,
y a veces comienza
cuando dejamos de escondernos.
Entre la luz y la piel
La luz resbala despacio,
como una caricia,
y la piel guarda el recuerdo.
El peso de la mirada
No todo lo que se muestra
necesita ser explicado.
Hay silencios que provocan.
Geometría del cuerpo
Una curva,
una sombra,
un cuerpo suspendido.
La piel también dibuja.
Geometría del cuerpo
Sin rostro.
Sin nombre.
Solo yo,
habitando mi propia piel.
Después de mirarme
Después de mirarme,
solo queda una certeza:
mi cuerpo también es mi casa.
EPÍLOGO
Quizá el desnudo nunca haya tratado únicamente de quitarse la ropa.
Quizá también consista en quitarse el miedo a ser observado, a reconocerse, a aceptar cada curva y cada imperfección como parte de uno mismo.
Estas fotografías no pretenden explicar el cuerpo.
Solo detenerse ante él.
Mirarlo.
Sentirlo.
Y dejar que, durante unos instantes, la piel hable por nosotros.
No hay comentarios:
Publicar un comentario