"Agua y silencio"
El agua cae,
borra el ruido,
pero no el peso
que llevo dentro.
Entre el vapor
y el silencio,
solo queda
lo que no digo.
"Donde el agua aprende mi nombre"
El agua resbala lento, como un susurro,
dibujando rutas íntimas en mi piel.
Cada gota despierta lo que arde en silencio,
y en ese instante húmedo, me pertenezco más.
“Caída lenta”
El agua me nombra sin voz,
resbala como un secreto abierto.
Cierro los ojos
y dejo que el cuerpo hable
lo que nunca digo en seco.
"Contra el muro, la piel respira"
El agua me nombra en silencio,
se desliza lenta, íntima,
como un susurro que aprende mi forma.
Mi espalda, tibia y vulnerable,
late bajo cada gota
que recorre sin prisa mis curvas.
"Bajo la piel del agua"
El agua resbala lenta,
aprende cada curva
como si tuviera memoria.
Mi cuerpo se abre,
cede al peso tibio del instante,
a ese roce constante
que no pregunta.
Epílogo:
Bajo la ducha, todo se vuelve esencial.
El agua borra el ruido, diluye la prisa,
y deja al cuerpo solo frente a sí mismo.
Estas cinco imágenes no hablan de exhibición,
sino de presencia:
de habitar la piel sin defensa,
de sentir cada gota como un lenguaje íntimo.
Al final, no queda más que esto:
un cuerpo, un instante,
y la verdad suave de estar vivo.
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