La corbata no basta
para contener lo que arde debajo
Cae, obediente aún,
como si no supiera
que ya no manda.
La espalda se ofrece a la luz
sin permiso,
dibujando un lenguaje
que no entiende de normas.
Hubo un gesto aprendido,
un nudo,
una forma correcta de existir.
Pero el cuerpo
-el cuerpo siempre recuerda-
cómo escapar sin moverse,
cómo desobedecer en silencio.
Y entonces,
entre la tela que insiste
y la piel que se impone,
queda claro:
lo que eres
nunca cupo ahí.

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